A la sombra de un helecho gigante,
una mujer sin dientes quita piojos a una niña
con los ojos llenos de nubes. Dos niños
esperan turno. Me siento junto a ellos
y aguardo las manos de la espulgadora.
No tengo piojos, pero no se puede viajar
hacia la muerte sin caricias.


Señas particulares
Josefina Estrada

Francisco Hernández