Historia del cartel: el arte de comunicar en una sola imagen

Historia del cartel

El cartel es mucho más que una simple lámina con texto e imagen: es una herramienta poderosa de comunicación visual, una ventana a los movimientos sociales, artísticos y comerciales de cada época. A lo largo de la historia, los carteles han sido espejo de la sociedad, grito de revolución, objeto de deseo y pieza de colección.

Para muchos, como es mi caso, los carteles no solo informan o decoran: también despiertan memorias. Todavía recuerdo la emoción al recibir cada número de la revista Club Nintendo. Apenas la tenía en las manos, la abría con ansiedad, directo al centro, donde venían esos carteles desplegables con personajes como Mario, Link o Pokémon. Cada uno encontraba un lugar especial en la pared de mi cuarto, convirtiendo mi espacio en un altar visual al universo de los videojuegos. Aquellos pósteres marcaron mi infancia, y hasta hoy, guardo algunos como auténticos tesoros visuales.

En este artículo te invito a hacer un recorrido por la historia del cartel, desde sus orígenes más antiguos hasta su evolución en el mundo digital, sin perder de vista su importancia emocional y cultural.

Historia del cartel

Los orígenes del cartel: entre arte y comunicación

Antes de que el término “cartel” existiera como lo entendemos hoy, las civilizaciones ya usaban mensajes visuales en espacios públicos para comunicar. En la antigua Roma, por ejemplo, se colgaban tablillas de madera o piedra con inscripciones anunciando espectáculos o decisiones políticas. Pero no fue sino hasta la invención de la imprenta por Gutenberg (siglo XV) cuando la posibilidad de reproducir en masa textos e imágenes transformó la comunicación visual urbana.

Ya en el siglo XVII, aparecieron los primeros anuncios impresos ilustrados, generalmente ligados a ferias, ventas o actos religiosos. Estos pioneros del cartel mezclaban tipografía rudimentaria con grabados en madera y eran más funcionales que estéticos. Sin embargo, con la llegada del papel más accesible y las técnicas de impresión más refinadas, el cartel comenzó a asumir un papel más protagónico en las ciudades.

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La revolución de la litografía y el nacimiento del cartel moderno

El verdadero boom del cartel como arte visual llegó en el siglo XIX con la invención de la litografía. Esta técnica permitió combinar imagen y texto con una precisión y belleza inéditas. A partir de entonces, el cartel dejó de ser un simple anuncio para convertirse en una manifestación artística.

Uno de los nombres que marcó esta etapa fue Jules Chéret, considerado el “padre del cartel moderno”. Sus composiciones vibrantes y llenas de movimiento invadieron las calles de París y abrieron el camino para otros artistas como Henri de Toulouse-Lautrec, cuyos carteles para el Moulin Rouge hoy se consideran obras maestras.

La litografía democratizó el arte: permitió llevar el diseño a las calles, acercándolo a la gente común. Las marquesinas, estaciones, paredes y tiendas se llenaron de mensajes visuales coloridos que ofrecían desde jabón hasta espectáculos teatrales.

Historia del cartel

El cartel en el siglo XX: arte, propaganda y cultura pop

El siglo XX fue la edad dorada del cartel. Durante las guerras mundiales, los gobiernos lo utilizaron como arma ideológica. Desde los icónicos “I Want You” del Tío Sam en Estados Unidos hasta los carteles soviéticos con Lenin señalando al futuro, el cartel demostró su poder como vehículo de propaganda.

Después de la guerra, el cartel encontró nuevos caminos. En Suiza, surgió la Escuela Tipográfica Internacional, donde la simplicidad y el orden visual marcaron una estética limpia y funcional. En Estados Unidos, los carteles psicodélicos de los años 60 y 70 reflejaron la contracultura, mientras que el movimiento Pop Art lo abrazó como medio artístico, con nombres como Andy Warhol usando imágenes comerciales como arte elevado.

Esta etapa también vio la consolidación del cartel de cine y los carteles de conciertos como piezas de colección. Y justo aquí entra una parte fundamental de mi vínculo con ellos: los pósters de películas de Batman. Hoy en mi oficina, tengo todos los carteles oficiales enmarcados, desde el clásico de Tim Burton hasta los más recientes del universo cinematográfico. Son más que decoración: son capítulos de una historia visual que ha acompañado mi vida.

El cartel publicitario: seducción visual en las calles

Desde sus inicios, uno de los grandes propósitos del cartel ha sido la publicidad. Las marcas entendieron pronto que un buen diseño podía captar la atención, provocar deseo y generar recuerdo. Así nacieron leyendas del diseño gráfico publicitario como Cassandre, cuyas obras para productos como Dubonnet y el tren Nord Express son referencia obligada.

El cartel publicitario es un equilibrio perfecto entre arte y función. Su lenguaje visual debe ser claro, atractivo y persuasivo, en apenas unos segundos. En un mundo saturado de información, lograr ese impacto es un arte en sí mismo.

Hoy, aunque mucho del marketing ha migrado al espacio digital, el cartel impreso sigue teniendo fuerza en calles, escaparates y eventos. Su presencia física lo vuelve tangible, cercano, real.

El cartel de cine: una obra de arte coleccionable

Hablar de carteles sin mencionar el cine sería imperdonable. Desde los años 20, los carteles cinematográficos se convirtieron en piezas clave para promocionar películas, establecer atmósferas y conectar con el público.

Algunos diseños se volvieron incluso más memorables que las películas que anunciaban. Piensa en el cartel de “Jaws” (Tiburón) con el tiburón emergiendo bajo el nadador, o el minimalismo del cartel de “Vertigo” de Hitchcock diseñado por Saul Bass.

Para los coleccionistas, los carteles de cine son objetos de culto. Yo mismo soy parte de esa tribu. Mi colección de pósters de Batman —cada uno cuidadosamente enmarcado y colgado— no solo expresa mi amor por el personaje, sino que representa mi conexión emocional con cada versión cinematográfica.

Y volviendo a mi niñez, aquellos carteles centrales de las revistas Club Nintendo fueron mis primeras experiencias con el cartel de cultura pop: arte visual, deseo, identidad. Cada vez que los miraba, me transportaban.

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El cartel como símbolo generacional y emocional

Más allá de su función informativa o comercial, el cartel tiene un componente emocional poderoso. Es testigo silencioso de gustos personales, momentos históricos y tendencias culturales. Para muchos, un cartel pegado en la pared es más que decoración: es una declaración.

Durante los años 90, en muchas habitaciones de adolescentes —como la mía— los pósters eran casi un manifiesto de identidad. Colgar uno de Mario Bros o Pokémon no era solo mostrar gusto por los videojuegos, era un acto de pertenencia.

Y aunque el tiempo pase, esos carteles —algunos arrugados, otros ya amarillentos— siguen evocando emociones profundas. Por eso conservo los míos con cuidado. Son como cápsulas del tiempo.

La era digital: evolución o extinción del cartel impreso

Con el auge de las redes sociales, las pantallas digitales y el marketing online, muchos se preguntan si el cartel impreso está condenado a desaparecer. La respuesta, afortunadamente, es no.

Lo que ha cambiado es el formato y el contexto. Hoy convivimos con carteles digitales en marquesinas interactivas, banners animados y visuales en Instagram. Pero la esencia sigue siendo la misma: comunicar visualmente con impacto en segundos.

De hecho, ha surgido una nostalgia por lo analógico que ha revitalizado el interés por los carteles físicos. Festivales, exposiciones, reimpresiones vintage… e incluso nuevas generaciones de artistas que apuestan por el cartel como medio artístico, no como simple formato comercial.

Ideas finales: la historia del cartel sigue escribiéndose

El cartel ha acompañado a la humanidad desde las paredes de piedra hasta las pantallas digitales. Ha sido grito de guerra, seducción de marca, llamado a la acción y reflejo emocional.

Su historia no es lineal ni acabada. Como buen espejo social, sigue adaptándose a los tiempos. Pero algo es seguro: el cartel, en cualquiera de sus formas, sigue vivo.

En lo personal, cada cartel que conservo —ya sea el de una película, el de una revista de mi infancia o el de una marca legendaria— me recuerda que la imagen también cuenta historias, y a veces, lo hace mejor que mil palabras.

Y tú, ¿cuál fue el primer cartel que pegaste en tu pared?

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